Uno de los objetivos prioritarios de FIEB Foundation desde su comienzo ha sido restaurar ecológicamente la finca en la que se ubica y contribuir a la mejora del ecosistema circundante. El trabajo se centra en devolver agua, conectividad, refugio y complejidad ecológica a un entorno muy transformado por la acción humana.
Para ello se han desarrollado intensas labores de reforestación con especies autóctonas, creación de charcas y refugios de fauna, recuperación de corredores ecológicos y seguimiento continuado de la biodiversidad. La restauración no se entiende como una acción puntual, sino como un proceso de medio y largo plazo que requiere observación, ajustes y evaluación constante.

Gracias a la colaboración de Ferrovial en 2018 y de Bankia en 2019, FIEB puso en marcha el proyecto de restauración ecológica de la zona de ribera de los arroyos Cuesta Blanca y Las Vegas, en Casarrubios del Monte. La actuación se fundamenta en la restauración ecológica entendida como un proceso técnico: diagnóstico del escenario degradado, definición de un ecosistema de referencia y diseño de acciones capaces de alinear la sucesión natural hacia ese estado.
El objetivo es restaurar aproximadamente 4 hectáreas de un paisaje notablemente degradado para revitalizar la flora y la fauna, recuperar hábitats naturales y mejorar de forma estable la calidad ecológica del territorio.
Una de las actuaciones clave del proyecto ha sido la creación de un corredor ecológico que conecta dos charcas dentro de la finca. Esta conexión aumenta la disponibilidad de agua en la zona y transforma puntos aislados en una red de refugio, alimentación y tránsito para la fauna local.
La intervención se articula en tres frentes complementarios: sanear el espacio, reconstruir la base vegetal y facilitar el retorno de la fauna autóctona.
El fototrampeo permite observar la fauna sin alterar su comportamiento y comprobar si las actuaciones están generando hábitats funcionales. El seguimiento reciente ha empezado a mostrar una respuesta muy positiva del entorno restaurado.
Los registros más frecuentes incluyen conejo común, perdiz roja, estornino negro, tórtola turca, mirlo, paloma torcaz y otras especies propias de paisajes agrarios. La metodología incorpora cebado controlado, revisión semanal y criterios específicos para evitar dobles conteos en bandadas.


